Más escándalos sobre el Proceso de paz

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Han pasado ocho años desde que comenzó el Proceso de paz del ex presidente Juan Manuel Santos con las FARC. Desde el año 2012, el País está polarizado entre defensores y críticos de ese proceso y así seguirá por muchos años más. Sin embargo, el paso del tiempo, que es juez implacable, comienza a esclarecer la verdad de los hechos, para vergüenza de sus protagonistas y reconocimiento de los que previeron este desastre.

El primero en caer por tierra fue el principal negociador del Gobierno, Humberto de la Calle. Convencido de que el País le agradecería por su nefasta gestión, se lanzó como candidato presidencial en el 2018 y apenas obtuvo 396.000 votos. Ante un electorado de casi veinte millones de votantes, el resultado es suficiente lección para un buen entendedor, que desde entonces decidió refugiarse en las sombras y desaparecer de la vida pública.

Un Nobel de Paz cuestionado

Le siguió en el descrédito el ex presidente Santos. Glorificado por una élite mundial empeñada en respaldar su farsa pacificadora, gozó de popularidad internacional, sobre todo por haber obtenido el premio Nobel de Paz en el 2016. Pero ahora se comienzan a conocer los engaños, falsedades y traiciones de ese proceso, y del muy cuestionable hecho de otorgarle el premio Nobel como retribución por los cuantiosos negocios petroleros concedidos a Noruega en territorio colombiano. Las primeras denuncias acerca de ese fraude del Nobel las hice en el año 2018 y fueron publicadas por Corrispondenza Romana ydifundidas ampliamente por todo el mundo. (https://es.corrispondenzaromana.it/el-proceso-de-paz-de-colombia-al-borde-del-abismo/).

Esa denuncia narrabalos vínculos entre el Presidente Santos y la que fuera Ministra de Comercio de Noruega, KacyKullmanFive, quien después fue presidente de Equinor-Statoil, la empresa estatal noruega que recibió enormes concesiones petroleras en Colombia por cuenta de Ecopetrol, la empresa estatal colombiana de petróleos. Poco después, en el 2015, la señora Kullmanfue nombrada presidente del comité Nobel de Paz que tiene su sede en Noruega, y entonces le devolvió al expresidente Santos los favores recibidos, concediéndole el Nobel de Paz en el año 2016. Pues bien, por estos días, el influyente diario The New York Times recoge esas informaciones y denuncia que el Nobel de paz entregado a Santos ha sido un grave error, pues la supuesta paz que se premiaba no aparece por ninguna parte.(Cfr. The NYT. Noviembre 13 de 2020).

Todo esto ha convertido al ex presidente Santos en uno de los hombres más cuestionados de Colombia, pues a cada día que pasa se conocen más contratos de su corrupto gobierno, con las dádivas del presupuesto público concedidas a todos aquellos que de una manera u otra necesitaban un “estímulo” económico para convertirse en propagadores de las bondades de su Proceso de paz. Eso incluía a los medios de comunicación, a los políticos, a los magistrados de las Altas Cortes, a los gremios y a los empresarios, pues fue así como consiguió los apoyos necesarios.

El desplome de la Revista Semana

La más significativa de estas empresas corruptas fue la Revista Semana. Dirigida por Alejandro Santos, un sobrino del expresidente, este conglomerado de medios de comunicación-dedicado a la política, a la economía, a la farándula y a la pornografía- se puso incondicionalmente al servicio del Gobierno a cambio de ingentes sumas de dinero pagadas en forma de pauta publicitaria. Con el poder ilimitado que da el dinero, Semana se convirtió en el paladín de la paz santista y en el verdugo de los opositores al Gobierno. Especialmente fueron vilipendiados y humillados el Ejército Nacional y algunos de sus mejores oficiales, objeto de verdaderos estruendos publicitarios promovidos por la revista, que sin prueba alguna, hicieron de la mentira, la calumnia y la difamación, las más radicales armas del periodismo nacional.

Semejante proceder fue creando un abismo insondable entre Semana y sus lectores, que vieron indignados cómo la revista asumía la vocería de la extrema izquierda,  la defensa incondicional de las FARC y la impunidad de sus innumerables crímenes. La escoria informativa a la cual se abrazó en los últimos años, fue minando sus propias estructuras aparentemente indestructibles, hasta que el imperio mediático se derrumbó en medio de la más estrepitosa crisis. Semana perdió el bien más preciado que puede tener un medio informativo, que no es el dinero que llena sus arcas, sino el prestigio que se obtiene cuando la información que divulga corresponde a la verdad.

El escándalo del general Mora

Y ahora, el más reciente capítulo de estas verdades que emergen con fuerza, son las declaraciones del general Jorge Enrique Mora, quien fue comandante del Ejército entre los años 1998 y 2002. Nombrado por Santos como uno de los negociadores del Gobierno, acompañó todo el Proceso desde sus inicios hasta el final. En reciente foro realizado por la Universidad Militar Nueva Granada, el general afirmó que el proceso de paz fue un engaño, que el Gobierno negoció con las FARC la existencia de las principales instituciones del País y que en cada decisión que se toma actualmente en el Gobierno de Colombia están presentes las FARC (Cfr. El Tiempo, nov. 22 de 2020).

Es incomprensible que el general Mora haya aceptado las claudicaciones impuestas por las FARC durante el largo proceso de negociaciones, e inclusive haya firmado el documento final del Acuerdo como negociador del Gobierno, sin hacer en su momento la menor crítica. Más exactamente, convenciendo, obligando y anestesiando a las Fuerzas Armadas para que aceptaran esa capitulación, aplacando las objeciones y los reclamos de la oficialidad militar, impedida y maniatada para combatir a los enemigos de la Patria. Que lo venga a denunciar ahora, después de años de silencio cómplice, durante los cuales recibió ingentes sumas de dinero por su participación en las negociaciones, no es indicador de coherencia y fidelidad a los principios perennes del honor militar, del verdadero patriotismo y del respeto a la verdad de los hechos.

Sin duda alguna que la verdad seguirá emergiendo aunque traten de ocultarla. Quienes se prestaron en forma fraudulenta para imponerle al País la capitulación ante las FARC, recibirán el oprobio y el rechazo creciente de la opinión pública. Y también se conocerán los tejemanejes del robo del Plebiscito del 2016, las complicidades de otros medios de comunicación que vendieron su apoyo al proceso de paz, y las maniobras fraudulentas e inconstitucionales de las Altas Cortes y del Congreso de la República, quienes determinaron que el triunfo del Plebiscito a favor del NO, según ellos quería decir SÍ, gracias a lo cual el Gobierno se robó el resultado.

Mientras tanto, las aguas pútridas que se dispersaron por la crisis de la revista Semana encontrarán acogida temporal en otros medios afines, mientras les llega la hora de prestar cuentas al País y explicar sus complicidades ante la historia.

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