LA VERDADERA “PRIMERA LÍNEA”

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Durante el Paro terrorista que sufrió Colombia durante los pasados meses de abril, mayo y junio de este año, apareció una nueva organización subversiva auto denominada “Primera Línea”. Está compuesta por los más radicales y furiosos promotores de la destrucción de las principales ciudades.

Encapuchados, salvajes y dispuestos a enfrentar lo que sea, estos sujetos no vacilan en quemar vivos a los policías, en destruir los buses y las estaciones del transporte masivo de Bogotá, Medellín y Cali, al tiempo que saquean almacenes, destruyen el mobiliario urbano y promueven los más sanguinarios y destructores disturbios.

Organizados y financiados por el terrorismo urbano de las FARC y del ELN, son actualmente la punta de lanza de la subversión en las ciudades. Sin embargo, hay otra “primera línea”, que es más nociva, más peligrosa y mucho más destructiva que la anterior.

*En realidad, esta otra pretende pasar desapercibida, pero es la que manda, la que organiza y la que dirige todo el plan pre-concebido para llevarnos al caos y a la destrucción que hemos presenciado recientemente*.

Cali fue la ciudad de Colombia que sufrió los mayores destrozos durante el ataque terrorista que sacudió a Colombia hace poco. Pues bien, esa otra “primera Línea” de la que hablo, está conformada por el arzobispo de la ciudad, Mons. Darío de Jesús Monsalve, por el alcalde, Jorge Iván Ospina, y por el rector de la Universidad Javeriana de Cali, el Padre jesuita Luis Felipe Gómez. Y veamos por qué lo afirmo.

 

El foro organizado por la Universidad Javeriana de Cali

Ha producido un gran escándalo en la ciudad un foro organizado por la Universidad Javeriana, que se realizará la primera semana de noviembre. Convocado por el rector, están invitados a disertar algunos de los peores terroristas de las FARC, como Carlos Lozada y Luis Albán, que ahora se han convertido en congresistas gracias al engendro del Acuerdo de La Habana. Además, algunos dirigentes de la JEP, de la Comisión de la Verdad y de la ONU, que son promotores de la más absoluta impunidad para estos terroristas. Y también, algunos funcionarios de la alcaldía y de la gobernación.

Estará presente el gran promotor de la entrega del País al terrorismo, el fatídico negociador de la paz, Humberto de la Calle, personaje que nadie quiere y que se lo demostraron en las pasadas elecciones presidenciales, donde fue rechazado en forma vergonzante. Además, fue uno de los protagonistas del robo del Plebiscito, en el cual Colombia rechazó el Acuerdo que él y el ex-presidente Santos le impusieron al País.

Otro de los organizadores es el inefable arzobispo de Cali, quien ha sido amigo, mentor y vocero de las FARC y del ELN. Donde quiera que vaya, su labor pastoral se orienta a abrir las puertas de la sociedad y de la iglesia a los enemigos de la Fe, en vez de estar del lado de las víctimas de estos sátrapas modernos, que se han pasado la vida matando, secuestrando y violando mujeres y niños, sin el menor arrepentimiento y sin la menor noción del perdón y de la enmienda.

Por último, no podía faltar el alcalde de Cali, gran promotor de los disturbios que asolaron la ciudad, y que ahora, junto con el arzobispo, pretende contratar como funcionarios de la alcaldía a los mismos vándalos que destruyeron la ciudad.

Semejante evento es una afrenta a la ciudad de Cali, a todos los que trabajan por ella, y en especial a los que sufrieron el secuestro, la destrucción y la quiebra de sus empresas, que desaparecieron por causa de los bloqueos y del terrorismo, dejando a decenas de miles de personas sin empleo.

Nuestra ciudad fue hasta hace algunos años un ejemplo de civismo y de progreso, y justamente dejó de serlo gracias a personajes como éstos, que luchan por la destrucción de la ciudad, en vez de hacer algo bueno por ella.

¡La ciudadanía tiene que hacerse escuchar! No debemos permitir estos atropellos de parte de quienes tienen la vocación de ser los líderes de Cali, que deberían luchar para mejorar todas las cosas que no están bien, pero que en realidad se confabulan con los destructores de la misma para demoler lo que todavía de alguna manera funciona bien.

Como voceros de la feligresía católica, de la autoridad política y de la comunidad académica, deberían promover eventos para que personas idóneas nos muestren el camino del progreso y de la recuperación de Cali. Pero es un insulto que nos traigan aquí a los responsables de la destrucción de Colombia, que absolutamente no tienen ninguna autoridad moral para decirnos lo que debemos hacer para progresar. Esos criminales que nos quieren traer como conferencistas deberían estar presos, pagando decenas de años de castigo, y jamás deberían ser los voceros del arzobispo de Cali, del rector de la Universidad Javeriana, y del alcalde de la ciudad.

¡Ninguno de ellos representa a Cali, que debe ser respetada! Y si los organizadores de ese evento tuvieran honor y vergüenza, deberían cancelarlo.

Foto: Semana.com

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