El Gobierno no puede claudicar ante el terrorismo

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El País sigue paralizado después de más de dos semanas entregado al terrorismo, que ahora falsamente se hace llamar “derecho a la protesta pacífica”. Lo que está sucediendo en Colombia obedece a un plan estratégico del marxismo, articulado perfectamente desde Cuba y Venezuela, programado por el Foro de Sao Paulo desde hace 20 años, y ejecutado por las FARC y el ELN, con el apoyo de los demás grupos subversivos que operan en el País. Ese plan está financiado con el dinero de las FARC, que poseen 200.000 hectáreas de coca protegidas por el Acuerdo de paz  y por una sentencia de la Corte Constitucional, que prohíbe la fumigación aérea con glifosato.

La izquierda, el centro y la derecha protestaron contra el proyecto de Reforma Tributaria presentado por el Gobierno al Congreso de la República, de tal forma que poco después el Gobierno retiró esa inoportuna y estúpida iniciativa, que desconocía las verdaderas causas de la crisis económica del País, agravadas sin duda por la pandemia.  Ellas son el tamaño gigante del Estado, su gasto desmesurado y la corrupción desbordada. Pero en forma paralela y como ya es habitual, dentro de esa protesta legítima aparecen los terroristas que paralizan las principales ciudades, destruyen los sistemas masivos de transporte, bloquean las carreteras y las ciudades, incendiando almacenes y edificios públicos. Después de los gravísimos disturbios que aún no terminan, consiguieron colapsar la cadena productiva del País, que no puede parar, y entonces comienzan a faltar los alimentos, los medicamentos, los combustibles y todo tipo de mercancías. El País entró en el más absoluto caos.

En Colombia se está ejecutando un Golpe de Estado

Esta es la gran pregunta que nos debemos hacer: ¿Quiénes dirigen, articulan y financian este Golpe de Estado? El Gobierno lo sabe perfectamente pero no lo dice. Y el País también lo sabe, pero no actúa en consecuencia. Fue la razón por la cual 10,5 millones de personas votaron para elegir al presidente Duque, que en su campaña presidencial prometió desmontar el Acuerdo con las FARC, rechazado en el Plebiscito de 2016, y que es el manual de operaciones de esta demolición que está siendo ejecutada. Esos millones de electores del Presidente Duque no han sido escuchados, pero los pocos terroristas encapuchados que destruyen a Colombia sí son convocados para que expresen sus desatinadas exigencias.

En el Acuerdo de paz están establecidas todas las transformaciones que harán de Colombia un Estado socialista. Allí está consagrada la más absoluta impunidad para los crímenes cometidos por la subversión marxista, en el pasado, en el presente y en el futuro. Allí quedó establecido que se les darían 10 curules gratis en el Congreso de la República. Allí está diseñado el sistema de gobierno dirigido por “comités de diálogo”, dirigidos y organizados por las FARC, como los que acaba de convocar el Gobierno en todas las ciudades del País. Allí quedó establecido que el Gobierno no puede destruir los enormes cultivos de coca de propiedad de las FARC. Allí se prohíbe al Gobierno enfrentar los actos terroristas con la fuerza legítima del Estado. Allí se autorizó la protección de los líderes de la subversión por parte de los organismos de seguridad del Estado. Allí quedó establecido que los programas de Gobierno deben ser consultados con un comité nombrado por las FARC. Allí quedó establecido que se hará una Reforma Agraria socialista y confiscatoria sobre 10 millones de hectáreas, que ya está por empezar, y que será la ruina del agro colombiano. Y también, que todo esto costaría por los menos 140 billones de pesos (US 40 mil millones de dólares), para lo cual debemos pagar más impuestos.

¿Qué saben acerca del desarrollo de Colombia los terroristas encapuchados que la destruyen? ¡Absolutamente nada! Ellos ignoran que un País lo construye el sector empresarial, que eso se hace tras décadas de trabajo y que así se genera la casi totalidad del empleo. Es así es como se satisfacen las necesidades de la población y se crea la riqueza que después se traslada al Estado por la vía de impuestos razonables, generando un verdadero bienestar para todos.

El sector empresarial de Colombia apoyó la debacle del Proceso de paz  

Sin embargo, esa cualidad extraordinaria que tiene el sector empresarial para generar riqueza, empleo y desarrollo, no la usan para percibir que el futuro de Colombia fue negociado con la subversión marxista. Cuando comenzó el Proceso de paz de Santos en el año 2012, la mayoría de ellos aplaudió con frenesí, con el pretexto de que querían la paz. Aunque se les dijo de todas las formas posibles que ese Acuerdo sería la ruina y la destrucción de Colombia, ellos dijeron que lo apoyaban sin condiciones y que estaban dispuestos a “tragarse unos cuantos sapos”. Y eso fue lo que hicieron. Pero ahora es necesario que despierten de su letargo, agredidos por la realidad, viendo que ya comenzó la destrucción del País, que se quiere derrocar al Gobierno e imponer una dictadura al estilo chavista, para destruir todas las libertades y conducirnos hacia la miseria socialista.

Todo esto fue previsto, denunciado y proclamado ampliamente por Tradición y Acción a lo largo de estos años.  Se denunció en foros nacionales e internacionales desde el  año 2012. Se publicaron numerosos análisis en los diarios del País y del exterior; se difundieron muchas publicaciones denunciando ante el mundo la traición que se estaba preparando entre Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC. Pero no hay peor ciego que quien no quiere ver, ni peor sordo que quien no quiere oír. Y ahora presenciamos las gravísimas consecuencias de lo acordado. Ya nadie puede decir que está engañado o que no imaginaba que en este proceso estaba decretada la disolución de Colombia. Estos días de caos y de barbarie nos han mostrado el futuro, anunciando lo que pasará si permitimos el triunfo del socialismo marxista en nuestra Patria. ¡Más claro es imposible!

La guerra de la desinformación

En ese plan meticuloso, sigue entonces la guerra mediática de desinformación y de mentiras. Se acusa a la Fuerza Pública de reprimir salvajemente a los manifestantes, inventando miles de asesinatos inexistentes. Dicen que las “oligarquías” disparan fusiles desde los edificios contra los indígenas y los manifestantes. Denuncian miles de desaparecidos. Hasta la bebé activista del cambio climático, que ni debe saber dónde queda Colombia, desde Suecia acusa al Ejército de abusos contra los derechos humanos. Hablan de miles de desaparecidos y muchas otras mentiras, mientras que muchas ciudades de Colombia son destruidas y sus habitantes están secuestrados.

Esas mentiras son publicadas en EEUU, en la ONU, en la OEA, en Europa. Las  replican ONGs que son a favor del terrorismo, que las hay por centenas, todas ellas financiadas con dinero de la  izquierda internacional y por magnates como George Soros.  Es el plan para demoler la Civilización Cristiana e implantar el llamado Nuevo Orden Mundial, que no es otra cosa que el gobierno del demonio. Nos quieren imponer un mundo fantasioso sin religión, sin familia, sin propiedad y sin valores morales. Pero eso sí, donde el aborto será libre, donde será prohibido educar los hijos en los preceptos cristianos, donde todos serán obligados a pertenecer a algún colectivo LGBT, y quien se resista o invoque a Dios o a la Santísima Virgen será encarcelado.

Sin embargo, cuando no todo está perdido, nada está perdido. Colombia tiene que ponerse de pie y exigir al Presidente y a todos nuestros gobernantes regionales el uso legítimo y firme de la autoridad para controlar la situación. El Diálogo ya realizado con los terroristas encapuchados es el comienzo de la capitulación, y más aún cuando estamos representados por unos ministros y funcionarios insignificantes que se mueren de terror al  enfrentarlos.  Los enemigos de Colombia quieren el colapso del Estado, y no dudan en usar las armas para conseguirlo. En esta hora angustiosa, los que exigimos ser escuchados somos los que elegimos al Presidente Duque, para que nos defendiera varonilmente en todas las emergencias que se presentaran durante su mandato, y no para que nos entregue como víctimas en el altar de la rendición.

Colombia confía en la protección sobrenatural del Sagrado Corazón de Jesús, a quien oficialmente ha estado consagrada desde el año 1902. Y esa condición solemne continúa vigente hasta hoy, pues la mayoría de la población así lo quiere, aunque la Corte Constitucional y el Cartel de la Toga digan que no, pues no son ellos los que representan al pueblo católico de Colombia. Y también, imploramos a nuestra Patrona, Nuestra Señora de Chiquinquirá, para que nos proteja, nos dé fuerzas, y nos conceda el discernimiento para enfrentar esta terrible crisis.

O defendemos nuestro País de esta arremetida terrorista, o dentro de poco veremos a millones de colombianos caminando por las carreteras de Suramérica, con un morral con todo nuestro patrimonio, implorando por agua y comida, tal como lo hacen los venezolanos.  ¡Que el futuro de Colombia no sea el mismo de Venezuela!

Foto: www.pulzo.com

         Mayo 16 de 2021 – [email protected]

Eugenio Trujillo Villegas
Director: Sociedad Colombiana Tradición y Acción
www.tradicionyaccion-colombia.org

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